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Yo adivino el Parpadeo

Autor: Edgar Nelson Sánchez Camperos, sanchez@gdl.cinvestav.mx. Investigador CINVESTAV, Guadalajara (México)

 

...de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno. Cada vez que el avión, usualmente de Avianca (dada la situación actual de las aerolíneas Colombianas, ¿será aún posible?), inicia el descenso al Aeropuerto El Dorado, como destino final del vuelo Ciudad de México-Santa Fe de Bogota, viene a mi mente la letra de ese viejo tango y el recuerdo de la fría mañana del ya lejano día de julio de 1972, cuando hice el primer trayecto en sentido contrario. Entonces no sabía que el tiquete era sólo de ida.

¿Por qué me quede en México?

Recuerdo la impresión que me causó la Ciudad de México. Hay que tener en cuenta que entonces Bogotá llegaba apenas a dos millones de habitantes, y la ciudad que me recibía ya excedía los diez. Pero no fue sólo el tamaño, fue también las huellas dela historia presentes casi en todo lugar, así como el orgullo de ésta: española e indígena, que se manifestaba por todas partes, en la arquitectura, en la comida, en la música.

Yo venía a cursar estudios de maestría en ingeniería eléctrica, becado por el Gobierno de México a través del programa multinacional de ingeniería de la OEA, al Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (entonces CIEA-IPN, ahora CINVESTAV-IPN). Antes de que se otorgara esta beca, trabajaba en una empresa consultora de Santa Fe de Bogota.

Dichos estudios los realicé con éxito de 1972 a 1974. De esos años, guardo muy buenos recuerdos. Primero que todo la formación que recibí, me permitió iniciar mi larga vida como investigador. El CINVESTAV brindaba entonces, como brinda hoy, un ambiente excelente para la investigación científica y tecnológica. Sus bibliotecas, laboratorios y servicios permiten desarrollar las actividades relacionadas con dicha investigación; además existía, como hoy existe, un flujo permanente de investigadores visitantes de prácticamente todos los rincones del mundo.

En mi caso, mi tesis de maestría fue dirigida por una profesora visitante de Instituto Nacional Politécnico de Grenoble, Francia. Además de enseñarnos a hacer investigación, ella motivo a todos sus tesistas a continuar con el doctorado y nos ofreció ayudarnos a tramitar la admisión en dicha institución Francesa.

Hago aquí una breve digresión, para agradecer a las instituciones educativas Colombianas que ayudaron a mi formación académica. Primero que todo, el colegió de mi tía Mercedes y la escuela primaria del pueblo donde nací: Sardinata, Norte de Santander. Luego, el seminario y el colegio provincial de Pamplona, también en el Norte de Santander, y finalmente la Universidad Industrial de Santander (UIS), Bucaramanga. En esta última, varios profesores me animaron a continuar con estudios de postgrado.

Es importante señalar que la mayoría de las instituciones donde realicé mi formación académica son públicas. Soy por lo tanto un ardiente defensor de éstas y opositor acérrimo de las políticas que pregonan su extinción. Gracias a estas instituciones pude formarme como investigador y llegar a donde he llegado.

Al terminar mis estudios en el CINVESTAV, regresé a Colombia.Me incorporé como profesor a la UIS. Entre tanto mi antigua directora de tesis de maestría efectivamente consiguió que fuera yo admitido en el instituto Francés antes mencionado. Me dediqué entonces a tramitar la respectiva beca del Gobierno de Francia; lo que me obligó a renunciar a la UIS, pues se me negó el apoyo para realizar el doctorado, aduciendo interpretaciones del reglamento del personal docente.Me instalé de nuevo en Santa Fe de Bogotá, trabajando con la misma compañía consultora. En ese lapso, también inicié mi familia, casándome con una Mexicana, En Julio de 1976 partimos de Colombia; esta vez a Francia, pero esa es otra historia.

Al terminar el doctorado en 1980, con mi esposa y nuestra pequeña primera hija nacida cuando yo terminaba mis estudios, decidimos darnos un tiempo de reposo y pasar una temporada de tres meses con mis padres en Sardinata. No sólo descansé, traté en vano de incorporarme a alguna institución Colombiana. En vista de las nulas perspectivas en mi país tomé la decisión de emigrar a México, pues se me ofrecían dos posibilidades de trabajo, con el mismo CINVESTAV, en Ciudad de México y en el recientemente creado Instituto de Investigaciones Eléctricas en Cuernavaca. Así, en enero de 1981, junto con mi familia nos radicamos en esta última ciudad.

Como resumí, en mi caso, no decidí fijar mi residencia en México por causas políticas, sino profesionales. Quizás no exploré adecuadamente las posibilidades para reintegrarme a Colombia; en efecto un colega Francés que se casó con una Colombiana, casi en el mismo período, se incorporó a una prestigiosa universidad privada de Santa Fe de Bogotá. A lo mejor si hubiera regresado en las circunstancias actuales de desarrollo de investigación, no hubiera tomado la misma decisión.

Inserción en la Sociedad Mexicana

Como ya mencioné mi esposa es Mexicana. Creo que este hecho resume perfectamente mi inserción a la sociedad Mexicana, la que he llevado a cabo de la mejor manera posible: pasando casi desapercibida para mí.

En efecto desde mi arrivo en 1972, nunca me he sentido extranjero en México. Recuerdo la amabilidad y el calor humano que se nos brindó a mí y mi compañero Colombiano, Vicente Cárdenas, ahora ya jubilado por la Universidad Distrital de Santa Fe de Bogota, en la primera casa de asistencia donde vivimos; el trato que se nos dió fue como miembros de la familia. Recuerdo que el primer fin de semana que pasamos con ellos, nos invitaron a un paseo familiar para disfrutar de un día de campo en un balneario cerca de Cuernavaca. En el CINVESTAV, durante la de Maestría, nuncase nos hizo sentir extranjeros. El trato, los servicios ofrecidos, la vida cotidiana siempre fue igual para nosotros y para nuestros compañeros Mexicanos.

Otro factor importante, que ayudó en gran medida a mi inserción a la sociedad Mexicana, fue el conocer a la familia de quién más tarde se convirtió en mi esposa.Recuerdo como si fuera ayer, cuando con otro compañero Colombiano fuimos a la casa de quien es ahora mi suegra, a preguntar por el servicio de asistencia a estudiantes que ofrecían. La persona que nos recibió fue precisamente mi actual esposa. Desde entonces hasta el reciente matrimonio de una sobrina, he sido prácticamente adoptado como un hijo más de la familia. Primero como estudiante y ahora junto con mi familia siempre he sido tratado, en las diferentes partes de México, como un compatriota más. Desde luego han existido pequeñas experiencias con algunos ignorantes, que han sacado a relucir su falta de cultura, pero han sido tan pocas que prefiero ignorarlas.

Ya como profesional, de nuevo, siempre se me ha tratado como si fuera un Mexicano más. Nunca se me ha hecho sentir extranjero; siempre se me han brindado las mismas oportunidades que a mis colegas Mexicanos. Estas condiciones las he encontrado en todas las instituciones con las que he colaborado: el Instituto de Investigaciones Eléctricas y el Centro Nacional de Investigación yDesarrollo Tecnológico (CENIDET) en Cuernavaca, la Universidad Autónoma de Nuevo León en Monterrey, y ahora el CINVESTAV y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores del Occidente (ITESO) en Guadalajara. He tenido también la oportunidad de visitar e impartir conferencias en instituciones prácticamente a lo largo y ancho de México, desde Los Mochis, Sinaloa, hasta Tizimín, Yucatán.En esas diversas instituciones, he sido tratado como un Mexicano más.

Puedo decir con toda certeza que mi inserción a la sociedad Mexicana ha sido exitosa. Hoy me encuentro completamente integrado, al grado tal que en 1992, decidí solicitar la ciudadanía Mexicana, que me fue otorgada sin ninguna dificultad, en muy corto tiempo: un mes. Esto no quiere decir que dejé de ser Colombiano. Por el contrario gané una patria más, de tal forma que en México extraño la yuca, las arepas, los bocadillos y tantas otras delicias de la cocina Colombiana y cuando estoy en Colombia me hace falta la tortilla, el guacamole, el arroz rojo. Escucho con igual placer una ranchera de José Alfredoo una composición de mi paisano: el maestro José A. Morales. Veo con igual deleite bailar el jarabe tapatío y la guabina santandereana. Disfruto de la misma manera un café de la olla con canela que un tintico,En resumen me siento por igual Mexicano y Colombiano.

Es importante aclarar que no olvido a Colombia; mantengo contacto constante con mi familia que aún vive allí y procuro estar informado sobre el diario devenir, utilizando los modios modernos de comunicación como Internet.

Antes de finalizar esta sección, es necesario enfatizar que México siempre ha sido una tierra de asilo; desde León Trosky, pasando por los niños de Morelia, huérfanos de la guerra civil Española, los perseguidos por las dictaduras de centro-américa y del cono sur de nuestro continente, hasta los compañeros de la diáspora Cubana y de los países de Europa Oriental. Todos ellos y nosotros encontramos una tierra que nos acogió, quizás mejor que haber nacido en ella.

En México han vivido y creado destacados Colombianos: Porfirio Barba Jacob, Rodrigo Arenas Betancourt, Álvaro Mutis y desde luego nuestro premio Nóbel: Gabriel García Márquez.

Espero que la mayoría de quienes constituimos el exilio Colombiano en México hayan vivido experiencias similares a la mía. Por mi parte sólo puedo agradecer que haya sido acogido por México como uno más de sus hijos.

La Situación de Colombia

Siempre me ha resultado difícil opinar sobre este tema. Siento que el hecho de vivir cómodamente a cuatro mil kilómetros de distancia le resta validez a mis argumentos. Esto no implica que no me interese y que no sienta un gran dolor cuando llegan noticias que me entristecen como el bombazo en Cúcuta a principios del 2003. También deseo que los conflictos, sobretodo el armado, se terminen. Con el propósito de tratar de buscar posibles vías de solución, a continuación voy a narrar las vivencias, de alguien que nació y creció en un pueblo.

Tuve la fortuna de nacer y crecer en las décadas de los cincuenta y sesenta, cuando para bien de Colombia se logró alcanzar la paz, después de una lucha fraticida, entrelos dos partidos tradicionales de Colombia: el liberal y el conservador, que había destrozado al país, sobretodo en las áreas rurales, por largo tiempo. . Mis padres, junto con toda la familia de mi madre,se vieron obligados, a finales de la década de los cuarenta, a malbaratar los bienes que tenían y huir del pueblo en que vivían para salvar la vida. De esto hecho nace la primera lección de convivencia que aprendí de niño, pues si bien estos hechos se recordaban, nunca hubo ni insultos, ni odio para quienes los causaron, ni tampoco el menor deseo de venganza. Así que la primera lección que recibí fue: tolerancia, perdón y espíritu de reconciliación; creo que buena falta hacen en estos tiempos.

Mis recuerdos de la niñez son de paz, con algunos incidentes menores remanentes de la época violenta que acaba de terminar. Esta es la segunda lección. Ya Colombia vivió el horror de una guerra no declarada y pudo encontrar el camino de la reconciliación; ¿no se podrían, al menos analizar los mecanismos que la permitieron para ver si es posible aplicarlos de nuevo?.

También recuerdo que al terminar la primaria, de todos mis compañeros, yo fuí el único que pudo continuar con la educación secundaria, pues en ese entonces en mi pueblo las opciones de educación terminaban con la primaria. Gracias a los esfuerzos de mis padres, yo pude continuar mi formación. Hoy en día, la oferta de educación en Colombia se ha ampliado, pero me pregunto: ¿cuántos jóvenes con capacidades, quizás superiores a las mías, ven sus formaciones frustradas por falta de oportunidades?. Esta es la tercera lección, ¿cuándo se crearán las condiciones para que la juventud de Colombia emprenda el camino para realizar sus sueños, como afortunadamente yo lo pude hacer, y no se vean involucrados en el espiral de la violencia?

Cuando estaba cursando mis estudios secundarios, se produjo el primer ataque guerrillero en Cimitarra, Santander. En esos días, este hecho se percibió lejano, como si hubiera pasado en otro país ó aún en otro planeta; casi pasa desapercibido.Después, de mis años universitarios, recuerdo que, cuando iniciaban, murió el padre Camilo Torres, alzado en armas; no obstante el movimiento guerrillero seguía siendo algo marginal. En al UIS se discutía y se debatía todo. Tuve la fortuna de escuchar conferencias por la madre del padre Camilo, de Manuel Zapata Olivella, y de tantos otros. De nuevo a destacar la tolerancia. A finales de mis estudios,fuí testigo del gran acto de intolerancia del gobierno de entonces: las elecciones presidenciales de 1970.

A principios de 1971, empecé a trabajar en Santa Fe de Bogotá y el ambiente se degradaba rápidamente; estallaban huelgas por todas partes y el gobierno lo único que hacíareprimir. De mi corta estadía entre que terminé la maestría y volví a dejar Colombia para ir a realizar mi doctorado, recuerdo que la situación se seguía degradando y el gobierno, como única respuesta, seguía reprimiendo.

Al regresar del doctorado, pasamos con mi familia tres meses encantadores en mi pueblo natal. Si bien era cierto que la situación se degradaba cada vez más, aún en el pueblito se vivía un clima de paz idílico. Ya se rumoraba que existían narcotraficantes instalándose en las zonas rurales. No obstante, se podía pescar de noche. Después de mi instalación en México, visitaba con frecuencia a mis padres. La situación continuaba empeorando y el gobierno continuaba reprimiendo.

Hoy, viendo en retrospectiva, es evidente que toda esa represión no sirvió de nada. Me pregunto. ¿porqué quienes tomaban las decisiones en esos años (1970-1990) sólo pensaron en reprimir y no en eliminar las causas de un malestar social que era aún manejable?.

De la muerte de mis padres, recuerdo que al viajar del pueblo a Cúcuta, para traer a mi padre a México, después de la muerte de mi madre,acaba de pasar el primer asalto guerrillero en la carretera (1984). Luego de regresar a Colombia mi padre murió en Cúcuta en 1992. La ceremonia del entierro tuvo lugar el 1 de mayo y la guerrilla había declarado paro armado y habían cortado el paso en la carretera que une a Sardinata con Cúcuta; por lo tanto la mayoría de la familia no pudo asistir.

¿Cómo resolver el conflicto armado de Colombia?. Es una pregunta difícil de contestar aún para los especialistas en ciencias sociales. En los párrafos anteriores,contando mis vivencias, he planteado algunas lecciones y preguntas que quizás sirvanpara encontrar una posible ruta de solución.

A continuación, expongo otras opiniones personales sobre el conflicto. Quizás valga la pena reflexionar sobre centro-américa. El Salvador, Guatemala y Nicaragua vivieron conflictos armados tan sangrientos ó más que el Colombiano. No obstante encontraron un camino a la reconciliación y hoy allí los grupos que antes estaban alzados en armas se han reintegrado a la sociedad y constituyen movimientos políticos de indiscutible peso. Por otro lado el conflicto Israelí-Palestino y las recientes guerras en Afganistán e Iraq y la evolución de la situación muestran que ni la supremacía militar ni aún la victoria garantizanla paz, sino se le da solución a la situación social subyacente.

¿Qué más puedo yo decir cuando no soy un especialista ni social ni militar?. Quizás pueda aportar algo desde mi campo: la investigación científica y tecnológica. Estas opiniones tiene que ver además con la educación y las discuto en la sección siguiente. 

Colaboración con Colombia

Las opiniones que presento en esta sección están relacionadas principalmente con la colaboración en aspectos de investigación científica y tecnológica; en menor medida también me refiero a la educación en general.

Antes de empezar, juzgo necesario establecer lo siguiente: si bien es cierto que un alto grado de conocimientos científicos y un excelente sistema de educación no garantiza necesariamente el desarrollo adecuado de todos los sectores de un país, p.e: la antigua Unión Soviética, la falta de éstos si asegura la pobreza, el desempleo y la violencia. Creo que es por lo tanto indispensable que para Colombia resuelva sus problemas, le debe apostar fuertemente a la ciencia y a la educación.

Primero haré una breve reseña de las actividades de colaboración que he realizado con Colombia. Después de dejar el país en 1980, regresaba cada seis meses a visitar a mis padres. En 1989 impartí un curso en la UIS, auspiciado por el Instituto Colombiano de Fomento a la Educación Superior (ICFES); luego en 1990 participé en la evaluación de los postgrados, hecha por el mismo instituto. A partir de 1997 he realizado visitas a la Universidad Nacional, en sus sedes de Santa Fe de Bogota, Medellín y Manizales, y la Universidad del Cuaca. Además mantengo contacto con profesores e investigadores de estas universidades, de la Universidad de los Andes, de la Distrital y de la de Pamplona. Actualmente co-dirijo una tesis de maestría aquí en el CINVESTAV con un profesor de la sede Manizales ya mencionada y co-dirijo una tesis de doctorado de un profesor de la del Cauca.

He sido testigo, al menos esporádico, del desarrollo del postgrado en Colombia. Me llena de orgullo que el mismo se haya dado. Es mi deseo ayudar en todo tipo de colaboración para consolidar los respectivos programas.

Mecanismos de Colaboración

Existen varios mecanismos. El más sencillo es dictar conferencias sobre nuestras especialidades e impartir cursos cortos. Esto permite establecer un primer contacto que puede resultar en un convenio de colaboración para trabajar sobre un tema de investigación preciso. Los mecanismos de financiamiento para las conferencias y cursos cortos, creo que pueden ser financiados por el ICFES; para los convenios existe el programaColciencias-CONACYT. Por estos convenios, se pueden co-dirigir tesis y realizar visitas reciprocas. También podremos ayudar a que estudiantes Colombianos vengan ha realizar sus estudios de postgrado en México; los financiamientos para estos estudios pueden venir del ICETEX o del Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

Epílogo

Termino estas remembranzas, como las empecé, evocando la letra de una vieja canción: gracias a la vida, que me ha dado tanto...Gracias a todos las personas que me han ayudado en mi vida y que han compartido parte de ella. Gracias a mi esposa: María de Lourdes Mejía de Sánchez; por su amor, apoyo y comprensión en todos estos años.Gracias a mis padres, quienes además de darme la vida me enseñaron el camino de la dedicación y la honradez. Gracias también a todos mis profesores, desde quién me enseño a leer y a escribir, hasta los directores de mis tesis de postgrado: Prof. Sylviane Gentil (maestría) y Prof. Claude Foulard (doctorado), así como a las instituciones donde realice mis estudios: las escuelas de mi pueblo y los colegios de Pamplona, antes mencionados, y a la UIS, al CINVESTAV y al Instituto Nacional Politécnico de Grenoble. Gracias a los colegas con quienes he colaborado, en especial a Dr. Alexander S. PoznyaK, Dr. Alexander G. Loukianov y Dr. Wen Yu, CINVESTAV, Prof. Guanrong Chen, Universidad de la Ciudad de Hong Kong y Dr. Jean F. Béteau, Instituto Nacional Politécnico de Grenoble. Finalmente todo lo que he logrado no hubiera sido posible sin mis tesistas, gracias a todo uds., en particular a: José P. Pérez, Luis J. Ricalde,Ramón A. Félix, y Efraín Alcorta.

Edgar Nelson Sánchez Camperos

Hijo de Sardinata, nacio en 1949. Se tituló de Ingeniero Electricista en la Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia en 1971; recibió el grado de Maestro en Ciencias en Ingeniería Eléctrica del CINVESTAV-IPN en 1974, y el grado de Doctor en Ingeniería del Instituto Nacional Politécnico de Grenoble, Francia, en 1980. Ha realizado dos estancias postdoctorales: 1) en Laboratorio de Control Automático de Grenoble en 1980 y 2) en el Centro de Investigaciones Langley de la NASA, Hampton, Virginia, de 1985 a 1987.

Colaboró con diferentes empresas consultoras en Bogotá, Colombia, de 1971 a 1972 y de 1975 a 1976. En 1981, se incorporó, como investigador, al Instituto de Investigaciones Eléctricas, Cuernavaca, donde laboró hasta 1990. De 1991 a 1996, fue investigador del Doctorado de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey. Actualmente es investigador del CINVESTAV, Guadalajara (México).

 

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