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Municipio de Sardinata

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Te invito a Sardinata

Autor: Nidia Acevedo Botello, nidia@hotmail.com. Comunicadora Social

¿Sardinata?... ¿Y eso dónde es?...

Se preguntan frecuentemente las personas que acabo de conocer y a quienes les digo con mucho orgullo que soy de este hermoso pueblo nortesantandereano.

Ah… sí Santander!!

No señor, es Norte de Santander, la tierra de Francisco de Paula, el departamento que limita directamente con Venezuela, que si bien tiene historias comunes con Santander, también hay muchas diferencias culturales, sociales, políticas, etc. Aquel departamento que reúne en sus 21.658 kilómetros cuadrados, una gama de ricas variedades naturales como la selva virgen del catatumbo con sus indígenas Barí y sus enormes riquezas petroleras; la cordillera oriental desplegada a lo largo de todo su territorio, formando inconfundibles paisajes con todos los pisos térmicos; la zona fronteriza en donde se vive una extraña mezcla cultural colombo venezolana y en donde se aprende lahabilidad deganarse la vida según la situación de la economía venezolana; la región de occidente limítrofe con el departamento del Cesar, donde se respira un ambiente de costa y de folclor caribe; y la región sur, caracterizada por sus riquezas agrícolas, por su agradable clima fresco y por tener una de las mejores ciudades universitarias de Colombia, como lo es Pamplona.

Desde Cúcuta, su capital, nos desplazamos 79 kilómetros hacia el occidente del departamento y en menos de una hora llegamos a esta hermosa población llamada Sardinata.

Para empezar el recorrido, puedo decir que el viaje constituye un agradable paseo por el valle del río Zulia, en donde el inmenso llano cultivado con arroz, refresca con su verde vivo la vista de cualquier visitante desprevenido. Ni que decir del contrastante blanco de las garzas que revolotean por el cielo azul e irrumpen en la llanura como dueñas únicas de la inmensidad.

Minutos más tarde pasamos por la Y, donde la vía se bifurca para ofrecernos dos opciones: llegar a Tibú y la zona del Catatumbo o llegar a Sardinata y, si se quiere, pasar a Ocaña y por qué no?, hasta la costa colombiana.

Al elegir la segunda opción, nos incrustamos en un paisaje hermoso, con una carretera plana y bien conservada, con casas coloridas,rodeadas de flores y frutales; pasamos el río San Miguel, que con sus mansas aguas ha sido testigo de innumerables sancochos de olla y romances clandestinos; encontramos también la entrada a la mina de fósforo, cuya carretera se pierde entre la montaña como un enigma; vemos la señal que nos avisa que pronto llegaremos al desvío de El Páramo, una de las veredas insignes de Sardinata, allí se respira un clima húmedo y se ven los caballos ensillados listos para emprender la subida, por el camino de herradura, hasta esta hermosa vereda. Luego, carretera abajo, empieza el descenso que, finalmente nos lleva hasta Sardinata, no sin antes dejarnos ver la quebrada La Chacona, caracterizada por sus enormes piedras y por sus leyendas de antaño; el monumento a la Virgen del Carmen pintado de azul y adornado con pasacalles, en donde todos nos santiguamos en señal de reverencia con la madre celestial para entrar a la recta final que nos lleva a la calle principal de nuestro pueblo.

Allí el tiempo se detiene… la imponente torre de la iglesia parece que estuviera esperándonos incansablemente durante muchos años, el parque, aunque con algunas reformas, sigue siendo el mismo de ayer, donde era obligado el paseo dominical minutos antes de ir a misa de seis.

Nos encontramos con los personajes típicos del pueblo, los abuelos sentados en el parque hablandode sus añoranzas, la plaza de mercado, totalmente renovada y cada vez más dispuesta a jalonar la economía rural y urbana del pueblo, la zona comercial, los vestidos en venta colgados en la calle, las ventas de música, los transportadores de las veredas indicando que ya están por salir, las señoras haciendo su mercado, en fin… una cantidad de hechos que automáticamente nos transportan a vivir con nostalgia aquellos recuerdos de la niñez, cuando estudiamos en la escuela y en el colegio y vivíamos en aquella cotidianidad que hoy vemos con ojos de regocijo por el encuentro de un pasado añorado.

Algunos nos reconocen y saludan con cariño, otros no nos recuerdan y muchos otros, tal vez nuevas generaciones, ni siquiera saben que existimos y mucho menos que tenemos mucho en común.

Día a día vamos recorriendo el pueblo con nuestros visitantes, los llevamos a la iglesia, al palacio municipal, a los dos colegios, a la escuela, a la piscina, a pailitas, a la azufrada, donde Julia y en cada sitio seguro que tenemos una anécdota personal para contar.

Aquí nuestros hijos disfrutan el clima, pueden vivir con ropas ligeras y hasta descalzos, corren por la calle y hacen lo que quieren; se desinhiben cuando llegan porque saben que Sardinata es sinónimo de vacaciones y descanso, de buena comida y sin horarios, de cariños y alcahueterías de los nonos, de paseos al río al ritmo de vallenatos y merengues.

Las personas que han conocido Sardinata quedan encantadas y vuelven antes de lo esperado, porque allí se vive el embrujo de la tierra caliente, del contacto con la naturaleza y la pureza del campesino, allí nos desconectamos del agitado ambiente citadino y nos sumergimos en un trance de descanso y relajación.Aquí el tiempo rinde más, las tardes son más largas y las preocupaciones más livianas.

Entonces una rara sensación de nostalgia y de placer embarga nuestros sentimientos, porque sabemos que luego de este delicioso viaje debemos regresar a cumplir nuestros deberes lejos de allí. Pero nos devolvemos con la seguridad de que a dondequiera que vamos llevaremos con orgullo el nombre de este hermoso terruño, y que a nuestros hijos siempre les hablaremos de Sardinata, para que algún día, cuando ya no estemos en la tierra, sean ellos quienes cuenten con nostalgia a las futuras generaciones las maravillas que vivieron en este pueblo y vibren de emoción al sentirse tan sardinatense como sus padres.

Con todo esto, lo que único que me resta contarle a usted, señor lector, es que si no ha visitado a Sardinata, está en mora de hacerlo, para que conozca y valore la otra cara de Colombia, ese país genuino y bien intencionado que algunos pocos han logrado opacar con sus actos deplorables.

Nidia Acevedo Botello

 

Nidia Acevedo Botello

Hija de Sardinata, Comunicadora Social egresada de la Universidad Central.

 

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